¿Por qué los egipcios adoraban a los gatos?

¿Alguna vez te generó curiosidad saber por qué los egipcios le daban tanta importancia a los gatos? ¡Yo también, muchas veces! Es que los egipcios fueron la población que más compatibilizó con estos animales, incluso fue la primera que los domesticó pero, ¿por qué? Sabemos que es por un tema de religión, de adoración y de santidad pero aún nos falta mucho por conocer; no perdamos más tiempo y vamos a descubrir por qué los egipcios adoraban a los gatos.

Se calcula que los gatos fueron domesticados en el Antiguo Egipto hace unos 4000 años. Probablemente los primeros se acercaron a los pueblos por la abundancia de ratas y ratones. Los gatos en el Antiguo Egipto cumplían un papel importantísimo en el control de estas plagas, así como serpientes y otras alimañas peligrosas para las personas.

Los felinos y sus representaciones


La primera consagración del gato tuvo lugar cuando la diosa Bastet, símbolo de la fecundidad y de la belleza, se representó con una cabeza de gato. La diosa simbolizaba la luz, el calor y la energía solar, pero también, debido a sus rasgos felinos, representaba el misterio, la noche y la luna. Además, se pensaba que ayudaba a la fecundidad de hombres y animales, que curaba enfermedades y que velaba las almas de los muertos.


En aquella época, el gato no podía ser propiedad de ningún humano, sólo los faraones tenían el honor de tener y domesticar a esta criatura sagrada. También existía una ley que prohibía la venta, el maltrato o la muerte de estos animales. El castigo para aquel que osaba matar un gato era también la muerte. Los faraones también consideraban sagrados a otros animales, como serpientes, vacas y peces, pero el gato seguiría siendo el más sagrado de todos.

En esta parte del mundo se denominaba al gato macho myeou, sobre todo en el Alto-Egipto, haciendo referencia a la onomatopeya de su maullido, y a las hembras las llamaban techau, nombre que han encontrado grabado en muchas tumbas de mujeres. De este término deriva el nombre chaus, que ahora denomina a un gato salvaje de Egipto y de Asia, el Felis Chaus.


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